Guerra Civil Española (M. Alonso Baquer)


APROXIMACIÓN INDIRECTA versus ACCIÓN DIRECTA

La distinción fundamental entre las preferencias estratégicas de Francisco Franco y Vicente Rojo -principales conductores de operaciones de la Guerra Civil- no estaba ni en la ideología ni en la diferencia de sus calmosos temperamentos. Franco no se hacía ilusiones sobre la inminencia de una victoria. Rojo se dejaba ganar por la esperanza en los resultados de sus meditadas maniobras de conjunto. El mando táctico de la campaña de Marruecos (Franco) sabía que "detrás de un monte hay otro monte igual que el anterior", como dice la canción de los soldados. El antiguo profesor de táctica en la Academia de Toledo (Rojo), creía que detrás de la ruptura del frente venía necesariamente la explotación del éxito de la que hablaba la doctrina francesa de la ofensiva a ultranza (Ferdinand Foch, Primera Guerra Mundial). Sobresale en Franco la capacidad de ‘digerir’ la duración del conflicto bélico, y se acusa en Rojo la impaciencia por la favorable resolución en una batalla decisiva.
Franco se había formado con las experiencias del general Dámaso Berenguer, alto comisario del Marruecos español en los años veinte; Rojo, en el estudio de las teorías de Foch. Franco, como Berenguer, practica una estrategia de la ‘Aproximación Indirecta’ de inspiración británica (Liddell Hart), mientras que Rojo, como Foch, se entrega a una estrategia de ‘Acción Directa’ para la acción de estructura alemana, sin dejar de ser francesa. La lentitud mental y operativa de Franco contrasta con la rapidez resolutiva de que hace gala Rojo -más en lo que escribe que en lo que ejecutan sus tropas-. Durante la guerra, Franco decepciona no sólo a algunos de sus subordinados, sino sobre todo a quienes desde el extranjero apuestan por él: Salazar en Portugal, Mussolini en Italia, Hitler en Alemania o Churchill en Gran Bretaña. Rojo, en cambio, todavía tiene a sus biógrafos y comentaristas de siete décadas posteriores en una atmósfera de admiración por sus valores profesionales. Esta admiración se deriva del brillante estilo ofensivo de unos planes de operaciones que inmediatamente convencían a sus directos jefes políticos durante la guerra (Juan Negrín). Es una admiración de la que nunca gozó Franco entre sus subordinados.

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