El “Socialismo del Siglo XXI” en Bolivia (UnoAmérica)


El Socialismo del Siglo XXI llega al poder en Bolivia: Evo Morales.

“Hemos llegado al gobierno, pero todavía no tenemos el poder” dijo el Presidente Morales en uno de sus discursos posteriores a la victoria electoral del MAS, dejando deslizar con esta frase que pretendía modificar las reglas del juego democrático para promover un proyecto revolucionario. El pilar fundamental del cambio introducido por la Administración del MAS ha sido, sin duda, la elaboración de una nueva Constitución, como también lo ha sido en Venezuela y Ecuador, países enmarcados, como lo está Bolivia, dentro del denominado "Socialismo del Siglo XXI".
El informe de UnoAmérica sobre lo ocurrido en la Bolivia gobernada por Evo Morales, no podría dar cuenta de las causas y desencadenantes de los hechos de violencia acaecidos en Cobija y El Porvenir (Dpto. Pando) en septiembre de 2008, sin tomar en cuenta el proyecto de país que se planteó implementar Morales desde su llegada a la presidencia del Estado. Llegado Morales al poder, y oídos sus planteamientos políticos y nacionales, surge un interrogante: ¿A qué coste estaría dispuesto Evo Morales a conseguir las reformas que le permitan establecer un país diseñado bajo el modelo del Socialismo del Siglo XXI?

"Empate Catastrófico y Punto de Bifurcación"

El Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, respondió claramente a esta interrogante en un revelador discurso que dio en la Escuela de Pensamiento ‘Comuna’ el 17 de diciembre de 2007, con el título "Empate Catastrófico y Punto de Bifurcación". En su discurso, García Linera planteó que Bolivia estaba desgarrada entre dos visiones distintas de país, una de corte neoliberal y otra revolucionaria. Cada visión se veía respaldada por una considerable porción de la población, con poder propio y mecanismos de presión. Tarde o temprano, asegura García Linera, se producirá una confrontación entre ambas visiones, pero solo una de ellas vencerá. “El empate catastrófico es una etapa de la crisis de Estado… un momento estructural, que se caracteriza por tres cosas:

  1. Confrontación de dos proyectos políticos nacionales de país, dos horizontes de país con capacidad de movilización, de atracción y de seducción de fuerzas sociales;
  2. Confrontación en el ámbito institucional —puede ser en el ámbito parlamentario y también en el social— de dos bloques sociales conformados con voluntad y ambición de poder, el bloque dominante (neoliberal) y el social ascendente (indígena revolucionario);y
  3. En tercer lugar, una parálisis del mando estatal y la irresolución de la parálisis.


Este empate puede durar semanas, meses, años; pero llega un momento en que tiene que producirse un desempate, una salida… “La salida al empate catastrófico sería la tercera etapa de la crisis del Estado, que la vamos a denominar construcción hegemónica ascendente. Está
marcada por la conflictividad y, por lo general, se da por oleadas. Los textos de Marx, sobre la crisis política de 1848 a 1849, son muy ilustrativos de esa idea de conflictividad por oleadas, que va y viene: estabilidad, conflictividad, estabilidad, conflictividad… Esta crisis, obligatoriamente, tiene que acabar en algún momento, ninguna sociedad vive permanentemente ni en movilizaciones (la creencia del anarquismo) ni siempre en estabilidad (la creencia del cristianismo). Puede haber inestabilidades, luchas, pero en algún momento tiene que consolidarse una estructura de orden que, -aunque va a seguir teniendo conflictividades internas, por supuesto- va a poder decir: ‘A partir de este momento, tenemos un neoliberalismo reconstituido’ o ‘tenemos un Estado nacional, indígena, popular, revolucionario’. A ese momento histórico, preciso, fechable, le hemos puesto el nombre de punto de bifurcación

Un punto de bifurcación inevitablemente es un momento de fuerza… es un momento en que la política, en verdad, deviene en la continuación de la guerra por otros medios. Es un momento en que Nietzsche y Foucault tienen razón. Un punto de bifurcación es, en el fondo, un hecho de fuerza en la medición práctica de las cosas. Es un hecho de liderazgo, de hegemonía en el sentido gramsciano del término, de liderazgo moral sobre el resto de la sociedad… En el caso de Bolivia, pareciera ser que nos estamos acercando al punto de bifurcación. Es cuestión, tal vez, de meses o de días, es meramente intuición reflexiva, pero no se puede atrasar mucho más… ¿Qué más puede pasar en los siguientes días? Una contraofensiva territorial en dos dimensiones, que de hecho ya está sucediendo. Es probable que en alguno de esos momentos se ponga a prueba la capacidad de disuasión del nuevo bloque social de poder (indígena revolucionario) y esto hará que se visibilice su capacidad de decisión, a partir de su capacidad de movilización social, a nivel nacional, a nivel departamental y, fundamentalmente, a nivel regional; y será evidente en la capacidad de mantener el mando, el control y el cumplimiento de las estructuras de coerción legítima que tiene el Estado, vale decir, Policía Nacional y Fuerzas Armadas.

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