C. Castroviejo Vicente, Submarinos aliados en la gran guerra 1914-1918. Madrid, Real de Catorce, 2006, p. 335


Un caso similar al de los submarinos aliados en el Mar del Norte se daba en el Báltico, con el agravante de la formación de hielos en invierno y la nula oscuridad en verano. Además el nivel de minado fue el más alto de toda la guerra. Un amplio uso de las aguas suecas permitió a los alemanes mantener un tráfico marítimo muy intenso con un nivel de hundimientos soportable. El cierre del Sund perjudicó a los aliados, porque permitía a los alemanes emplear el Canal de Kiel para pasar del Mar del Norte al Báltico, mientras que ellos no podían entrar libremente en éste último. La actitud antirrusa de Dinamarca y Suecia fue plenamente aprovechada por Alemania haciendo uso del canal que precisamente había construido para esa eventualidad.
El caso del Mar Adriático tenía sus propias dificultades. La hidrografía era favorable a Austria-Hungría decisivamente. El laberinto de islas y canales de la costa dálmata brindaba un buen refugio a los barcos mercantes y de guerra de la doble monarquía. Penetrar en él era difícil y muy peligroso; la mayoría de sus accesos estaban custodiados y guarnecidos con barreras antisubmarinas. Los submarinos italianos eran fácilmente distinguibles bajo el mar por la claridad de sus aguas, y recargar baterías era muy peligroso incluso de noche por la intensa vigilancia costera austrohúngara. A causa de todos estos problemas el submarino cedió su papel de exploración y caza a la lancha torpedera.
El Mar Negro fue el único en que los submarinos contaron con libertad de acción, sobre todo los rusos. Su pequeño número no fue un problema al principio, dado que las tareas de bloqueo de costas y rutas podían realizarlas destructores y otros buques de superficie con mejores resultados y mayor eficiencia. Con todo, dañaron exitosamente el tráfico turco de cabotaje, sobre todo en los accesos al Bósforo. Fueron de gran ayuda para tender campos de minas ofensivos y acecharon a la escuadra de guerra turca y a los grandes buques alemanes cedidos a Turquía. La existencia de un único submarino minador, el Krab, fue una limitación superable y por tanto dolorosa para la Chernomorskiy Flot.
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