C. Castroviejo Vicente, Submarinos aliados en la Gran Guerra de 1914-1918. Madrid, Real de Catorce, 2006, pp. 334-335


Para la Regia Marina italiana, el Adriático fue su principal teatro de operaciones. Cuando Italia se unió a la entente en 1915, su fuerza submarina contaba con muy pocas naves modernas, insuficientes para bloquear con eficacia la costa austro-húngara de Dalmacia. Las difíciles condiciones marineras de ésta redujeron casi a cero las posibilidades de algún éxito italiano. Cuando se dispuso de las clases H y F, los ‘sommergibili’ estuvieron en condiciones de triunfar, y hundieron al U-10 austrohúngaro. Sin embargo, el precio fue alto: 8 submarinos italianos se hundieron en los tres años de guerra.

Salvo contados casos de misiones en aguas abiertas, la inmensa mayoría de las patrullas llevadas a cabo por los submarinos aliados en la gran guerra lo fueron en aguas costeras, tanto propias como enemigas. En este último caso, las condiciones operativas fueron muy difíciles. A las adversas características marítimas de la mayoría de los litorales enemigos (alemanes, austrohúngaros y turcos, principalmente), había que unir la escasez de blancos. Cuando éstos aparecían, solían ser de pequeño porte o muy veloces y, casi siempre, iban bien escoltados. Con el paso de los meses, los aviones alemanes se fueron convirtiendo en un grave problema, en especial cuando las condiciones de luz diurna permitían distinguir las siluetas de los submarinos sumergidos por debajo de la superficie del mar.
En el Mar del Norte, la escasa profundidad obligaba a actuar siempre en aguas minadas. Además, la acusada diferencia de los períodos de luz diurna en invierno y en verano suponía un inconveniente adicional. La larga duración de las noches invernales permitía navegar en superficie casi todo el tiempo y reservar la carga de las baterías, pero impedía detectar a posibles blancos. La extrema dureza de las tempestades podía contrarrestarse posándose en el fondo, pero como los campos de minas crecían y se calaban a profundidades crecientes, ese recurso era cada vez menos practicable. En verano el problema era inverso: las baterías se usaban mucho y era difícil poder recargarlas. Además, la Bahía de Helgoland estaba estrechamente vigilada por los ‘Marineflieger’ alemanes, lo que hacía muy peligroso el navegar en superficie.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s