El IMPERIO de los HUNOS en el Siglo V


En los siglos III y IV, los Hunos se movían por las estepas rusas, en vecindad relativamente tranquila con el lejano Imperio Romano. De su historia en esa época sabemos poco; sus bandas inquietan a veces las regiones del Cáucaso y, penetrando por Armenia, llegan hasta Antioquía el año 395: mantuvieron intermitentes relaciones con ARCADIO. ESTILICÓN y más tarde AECIO llevarán entre sus tropas jinetes Hunos. Como gotas de aceite se van extendiendo, sin detenerse nunca en unas fronteras fijas; se les vio el año 405 desalojando a los Vándalos Asdingos de la Panonia húngara y, para contentarlos y apaciguarlos, TEODOSIO II les pagará un tributo de 350 libras de oro anuales (una libra de oro en la época bien podía equipararse a 1.000.000 euros de hoy). Temidos por los bizantinos, son a la vez temidos y odiados por los Germanos, que los consideran totalmente extraños por sus rasgos físicos, su vida nómada y su trato despótico. Su poder se extiende desde los Alpes Orientales (Austria) hasta el río Don (Ucrania). Pero su fuerza se apoya en la de las tribus sometidas: Gépidos, Alanos, Godos etc. Hacia el año 430 son tres los caudillos que gobiernan a los Hunos: RUGILA, MUNDZUK y OKTAR. En el 434 ocupan el trono dos hermanos, BLEDA y ATILA, hijos de MUNDZUK. Desde el 446, asesinado BLEDA por su hermano, ATILA gobernará solo.

Durante diez años el Imperio Romano de Oriente soporta esta vecindad peligrosa: con banales pretextos se ve invadido por las Hordas de ATILA, que siembran la destrucción por todas partes, y el Imperio cree comprar la tranquilidad con tratados cada vez más humillantes: el "tributo" de 350 libras de oro será duplicado y, finalmente, elevado a 2.000 libras anuales; los romanos se comprometen a rescatar sus prisioneros y a liberar gratuitamente a los Hunos que tengan en su poder; no podrán tampoco aliarse con enemigos del pueblo Huno.

Cuando parecía que ATILA iba a entrar en guerra a fondo con el Imperio de Oriente, volvió bruscamente sus vanguardias hacia Occidente.  MARCIANO, el nuevo emperador de Oriente, se negaba a pagarle el tributo habitual; en Occidente reinaba VALENTINIANO III, hombre débil, que tenía a su lado a AECIO, un comandante militar enérgico y buen conocedor de la inédita táctica introducida por los Hunos en Europa. Siendo niño había sido entregado como rehén (fianza política) a RUGILA, rey de los Hunos, en cuya corte conocería a ATILA, su sobrino, con el que ahora mediría AECIO sus fuerzas. ATILA exigió que le entregaran en matrimonio a HONORIA, hermana de VALENTINIANO III, que, expulsada de la corte de Constantinopla por su conducta gamberra y errática, había enviado a ATILA un anillo de prometida. Exigía además que con su futra esposa se le entregara la mitad de las provincias de Occidente. Para conseguir sus proyectos de establecerse en Occidente, ATILA llevaba a cabo una doble negociación: sabedor de que el único apoyo del Imperio estaba en los Visigodos, reclamaba a VALENTINIANO III la entrega de los mismos, como antiguos "súbditos" suyos que habían desertado al extranjero (los Hunos habían arrasado el Reino Visigodo de Ucrania en el siglo IV, y se consideraban señores de los Visigodos). A la vez trataba de atraerse al rey Visigodo TEODORICO I, para hacer que los Visigodos se mantuviesen neutrales ante la ofensiva que pensaba desencadenar contra el Imperio Romano.

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