Suecia como “potencia de flanco” en el siglo XVI


A lo largo del siglo XVI, las perspectivas de Suecia como potencia europea eran muy poco alentadoras. Cerrado su libre acceso a Europa Occidental por Lübeck y (sobre todo) por Dinamarca, barreras para su expansión marítima, enzarzada en una serie de luchas con Rusia en su flanco oriental, y repetidamente turbada por su relación con Polonia, Suecia tenía bastante trabajo con mantenerse ella misma; ciertamente, su grave derrota ante Dinamarca en la guerra de 1611-1613 anunciaba que la decadencia, más que la expansión, sería el destino del Reino del Norte. Además había padecido fisuras internas, que eran más constitucionales que religiosas, y esto había dado por resultado la confirmación de los grandes privilegios de la nobleza. Pero el punto más débil de Suecia era su base económica. Gran parte de su extenso territorio era desierto ártico o bosques. Los campesinos dispersos, en su mayoría autosuficientes, constituían el 95% de una población total de unas 900.000 personas; sumando Finlandia, aproximadamente 1.250.000, cifras inferiores incluso a las de algunos estados urbanos de Italia infinitamente más pequeños. Había pocas ciudades y poca manufactura en Suecia; apenas existía una "clase media" urbana, y el trueque de productos y servicios seguía siendo, desde la Edad Media, el principal sistema de intercambio económico.
 
 
Por consiguiente, Suecia era militar y económicamente como un pigmeo cuando el joven rey Gustaf Adolf subió al trono en 1611. Dos factores, uno interno y otro externo, contribuyeron al rápido crecimiento de Suecia a partir de aquellos principios tan poco prometedores. El primero fue el de los empresarios extranjeros, sobre todo holandeses, alemanes y valones, para los que Suecia era un país subdesarrollado pero prometedor, rico en materias primas como madera y minas de hierro y cobre. El más famoso de estos empresarios, LOUIS de GEER, no sólo vendió manufacturas a los suecos a cambio de mena de hierro y cobre, sino que con el tiempo abrió aserraderos, fundiciones y refinerías metalíferas; también prestó apoyo financiero y crediticio a la Corona sueca, e introdujo al país en el "sistema mundial" del comercio, cuyo centro de operaciones estaba situado por aquel entonces en Amsterdam. Suecia, impulsada por estos estímulos empresariales y financieros, comenzó a producir hierro a gran escala, exportó cobre fundido, y comenzó a ingresar divisas en las arcas reales, con los que pudo comenzar a construir una flota moderna y un potente ejército. Además, Suecia pronto se pudo autoabastecer de armas, un hecho excepcional, de nuevo gracias a la inversión extranjera y a la copia y aplicación de técnicas europeas de origen foráneo.
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