Miedo y superstición en la Europa renacentista


La capacidad de la Iglesia católica de finales del siglo XV para responder a las demandas de la religiosidad popular y las emociones sociales estaba tanto en lo que toleraba con indulgencia (la inmoralidad de las grandes masas de fieles y de buena parte de los religiosos) como en lo que condenaba. El caso más notorio es el de las brujas, temidas por los campesinos, a las cuales la Iglesia permitió que se persiguiera y matara sin ningún tipo de censura. No había nada nuevo en la creencia sobre el poder mágico y maligno de las brujas a principios del Renacimiento, pues provenía de la Edad Media. En un sermón impreso en Tübingen en 1505, que suena como una sinopsis enciclopédica de la sabiduría popular de la época, el predicador Martin Plantsch recordaba a sus feligreses que las brujas provocaban tormentas, vivían con gatos a los que trataban como a su propia familia, podían dejar impotentes a los hombres, manipulaban la salud y la enfermedad de la gente, podían irrumpir en espacios cerrados a cal y canto como bodegas o graneros, y utilizaban polvos, infusiones e imágenes para dañar a las personas, y eran capaces de desacralizar a los sacramentados. Tales eran las concepciones populares.

Lo nuevo era que se aceptara oficialmente que el mal procedente de las brujas era real. En 1484 Inocencio VIII promulgó la bula Summis desiderantes affectibus, que autorizó a los inquisidores dominicos Heinrich Kramer y Jakob Sprenger a erradicar la brujería en el Imperio Alemán. Dos años más tarde, éstos publicaron el documento básico de la caza de brujas, el Malleus Maleficarum, una ficha para el reconocimiento de las brujas, que contenía instrucciones acerca de cómo perseguirlas y que ganó rápida circulación en Europa. Al enumerar las atrocidades que las brujas podían cometer, la bula papal admitía la destrucción de cosechas y ganados, la impotencia sexual masculina y la esterilidad femenina. Al proveer de chivos expiatorios para una amplia gama de desgracias económicas y personales, la Iglesia satisfacía anhelos tan urgentes como aquellos que buscaban nuevos caminos para expresar las necesidades espirituales.

Se obtenía un satisfactorio provecho de todos los apoyos tradicionales de la devoción católica; en respuesta a la fuerza de estas devociones alcanzó su máximo apogeo a finales del siglo XV y comienzos del XVI la sátira contra la superstición y contra la exterioridad de la observancia religiosa. Había una abierta creencia en las imágenes milagrosas y en la idea de que los pueblos y las ciudades se hallaban bajo la protección de un santo patrón. El deseo de convertir la fe en algo visible y, en el caso de las reliquias o de los objetos del culto tales como las tumbas o ciertas imágenes, también palpable, era más fuerte que nunca. En Suiza e Italia, en el Domingo de Ramos, a lo largo de las naves de las iglesias, con cuerdas se remolcaba a Cristo, que iba montado sobre un burro de madera. En el día de la Ascensión, en el gran monasterio de Zürich, Cristo emergía de un agujero en el suelo y era izado, desapareciendo por una escotilla en el techo. La Iglesia daba aún mucha importancia a las opiniones de San Gregorio y San Bernardo, según las cuales surge más fácilmente la emoción a través de la vista que a través del oído, se estimula mejor la memoria con un argumento pintado que con uno oído; el arte es la lectura de los analfabetos. A fines del siglo XV, el agustino Gottschalk Holle insistía en que se podía atraer a los hombres a la piedad más eficazmente “por medio de la pintura que con un sermón”, y Geiler reconocía que “tales artículos de fe, como son esenciales para el hombre, los pueden aprender las gentes del común por medio de las pinturas y de las historias que están pintadas por doquier en las iglesias”.

La pintura se hacía eco de todos los impulsos espirituales y los estimulaba, desde los santos apresuradamente pintarrajeados que, en su utilización religiosa apenas se distinguían de los amuletos paganos, hasta los ciclos de frescos de una teología más elaborada, como los de Miguel Ángel y Rafael. Ya fueran imaginativas u obtusas, prudentes o torpemente atrevidas, la Iglesia permitía que una variedad de experiencias religiosas cubriera sus paredes y coronara sus altares. Además, se seguían construyendo a buen ritmo nuevas iglesias y catedrales.

En Francia, España y el Imperio Alemán había muchas iglesias y nuevas capillas dentro de las viejas. En Inglaterra, el vidrio de Fairford y del King’s College, en Cambridge, la Torre de Fountains y Abadía de Bath se cuentan entre los más conocidos ejemplos de una actividad impresionante en la construcción de iglesias y en su empleo para alojar tumbas, capillas, bancadas, púlpitos y paredes decoradas, así como el alabastro cincelado que daba fama a la región. Un testimonio aún más importante de la continua vitalidad de la observancia religiosa se encuentra en las actividades de las cofradías seculares, quienes ofrecían a los habitantes de los pueblos que no eran trabajadores agremiados una posición personal en la maquinaria y la satisfacción religiosa que la Iglesia ofrecía. Además de la importancia social de las escuelas que dirigían algunas de ellas, y de los servicios de beneficencia o “caridad”, que extendían fuera del círculo de sus propios cofrades, las cofradías seglares podían ser mecenas notables. En 1517 la cofradía veneciana de San Rocco (S. Roque) comenzó la construcción de una casa para sus reuniones (o scuola) para la que Tintoretto había de pintar una serie de obras maestras que marcarían un hito en su carrera. En Florencia, la “Cofradia dello Scalzo” compró un terreno cercano a su iglesita, destinado a un convento que Andrea del Sarto empezó a decorar en 1511 con los más bellos trabajos de grisaille de todos los tiempos. En el extremo opuesto encontramos las placas con emblemas ecuarísticos que se vendían por uno o dos chelines a los miembros de la Cofradía del Corpus Christi de York para que las expusieran en sus casas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s