Rusia en 1914


El zar Nikolai II y su familia

El antagonismo que hizo estallar la primera guerra mundial fue, de entre todos los que sufría Europa desde principios del siglo XX, fue el que enfrentaba a Serbia y Austria-Hungría; esos dos estados (y el imperio alemán) fueron mucho más responsables activamente que Rusia. De todas las grandes potencias, sólo Austria quería la guerra, una pequeña guerra regional. Viena declaró la guerra a Belgrado el 28 de julio, Berlín la declaró a San Petersburgo el 1 de agosto y a París el 3, y atacó al instante a la neutral Bélgica: Gran Bretaña entró en la guerra desatada al día siguiente.

El ejército imperial ruso luchó con tenacidad en condiciones muy adversas; sus soldados combatieron bien, pero sin entusiasmo y sin alegría. Los rusos nunca vivieron la guerra con la rabia destructora, con el terrible chauvinismo de los franceses y la determinación hegemonista de los alemanes. En realidad, no se sabía el porqué de una guerra tan prolongada. Las metas de los estrategas zaristas (la conquista de Constantinopla y el control de los Estrechos del Bósforo) nunca habían sido publicadas ni debatidas, eran un secreto poco realista.

Judíos asesinados en la revuelta de 1903 en Kishinev, Moldavia

La guerra empezó con una ofensiva improvisada en Prusia Oriental, que estuvo en cierto momento en condiciones de destruir al adversario alemán, pero que terminó en desastre, con la Batalla de Tannenberg, en septiembre de 1914, saldada con la destrucción del 2º ejército ruso al mando del general Samsonov. La opinión pública se consoló con el hecho de que esa ofensiva, al obligar a los alemanes a traer tropas desde el frente francés, había dado a Francia “el milagro del Marne”. Se consolaba también con las victorias sobre los turcos en el Cáucaso y sobre los austro-húngaros, a la que siguió la ocupación de sus territorios en la Galitzia Oriental por las tropas rusas. A principios de 1915, el ejército alemán vino a respaldar a su aliado amenazado y rompió el frente ruso, que se estiraba desde el Vístula hasta los Cárpatos. El ejército del zar logró realizar una retirada que terminó el 15 de agosto de 1915; había perdido la mitad del total de sus fuerzas: 150.000 muertos, 700.000 heridos y 900.000 prisioneros capturados por los alemanes. Polonia, Lituania, parte de Letonia y Galitzia quedaron en manos del adversario, una adversario muy inteligente que alentaba el sentimiento nacional báltico y polaco: en 1916 Berlín reconoció un estado polaco independiente bajo su tutela. Los judíos de Rusia occidental y las zonas ocupadas, culturalmente germánicos, fueron respetados por los alemanes. Esa actitud civilizada contrastaba con la de los soldados del zar: en todas las regiones fronterizas y en la Galitzia ocupada se consideró a los judíos como traidores en potencia (después se atribuyeron las derrotas de 1915 a sus “traiciones”). Fueron vejados, asaltados y tratados como rehenes antes de ser deportados en masa al este.

Caricatura británica de 1916

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s