La Guerra Civil en 1918


La Guerra Civil Rusa duró más de cuatro años, desde 1918 hasta 1921, y en algunas regiones hasta mediados de 1922. Fue una fiebre agónica que terminó por dar a luz un sistema soviético autosuficiente y listo para sobrevivir a cualquier potencial agresión, acrisolado por la enorme presión de las circunstancias bélicas y de la compresión ideológica. Se ha dicho del “comunismo de guerra” que fue una “ilusión en acción”, una “utopía”. Para los que hubieron de vivirlo y sufrirlo en sus propias carnes, fue una pesadilla ni utópica ni ilusionada, “demasiado real”, que generó un número casi irreal de muertos y aniquiló cualquier ilusión romántica que pudiera quedar aún en el pueblo ruso sobre la revolución social como fuente de progreso y bienestar material. La firma del Tratado de Brest-Litovsk llevó la desintegración política de Rusia a un cénit imprevisto por todos, hasta por los propios profetas del caos revolucionario. Al principio, no existía nada que pudiera identificarse con la “contrarrevolución” que los bolcheviques querían ver en cada esquina. Toda Rusia seguía a los socialistas, pero cada región a un partido, su partido. Al conquistar el poder y excluir de él a todos los demás socialistas, los bolcheviques “fabricaron la contrarrevolución” y pusieron en pie de guerra a gentes y facciones que hasta entonces los habían mirado sin odio ni temor. Después de firmar el “Diktat” alemán de Brest-Litovsk en marzo de 1918, sus únicos aliados, los SR Izquierdistas, comenzaron a sacudirse para conseguir su parcela de poder, tratando de desestabilizar al régimen leninista y enfrentarlo con todo el mundo: organizaron el asesinato del embajador alemán Von Mirbach-Harff y se levantaron en armas en Moscú el 6 de julio de 1918. Ambas acciones tenían por finalidad provocar la ira de unos alemanes aún victoriosos en el este para que se lanzaran a conquistar Petrogrado y Moscú, y así desatar una guerra revolucionaria en la que su partido tenía mucho más que ganar que los bolcheviques, y prácticamente nada que perder, porque éstos se habían quedado con todo el poder. La intervención de los Aliados, su apoyo a la rebelión de la “Legión Checa” a partir de mayo de 1918, se explican por su deseo de reabrir un frente al este de Alemania, no por la voluntad de acabar con el bolchevismo.

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