Guerra Civil Rusa: los “blancos”


Un escuadrón de caballería de los "Ejércitos Blancos"

Los “blancos” nacen de la nada. De noviembre de 1917 a abril de 1918, el “Ejército de los Voluntarios” reunido por los generales Lavr Kornílov y Alexeiev no logra levantar en armas a los Cosacos del Don. Éstos, desinteresados de los vaivenes políticos revolucionarios entre febrero de 1917 y abril de 1918, terminan por rebelarse contra los bolcheviques, pero por sus razones particulares y siguiendo su propio e independiente calendario, y únicamente con la finalidad de mantener su autonomía política y su sistema de vida, que había sido más o menos respetado por los zares desde el lejano siglo XVI. Así se forma el llamado Ejército Cosaco del Don, que sólo lucha por sí y para sí, y que como han hecho a lo largo de los siglos, sólo combaten con otros pueblos en calidad de aliados coyunturales, o en virtud de acuerdos particulares. Ésta es la razón de ser de su homogeneidad política y de su debilidad militar, pues no llegan a formar un ejército moderno coherente.

Diveros uniformes de los "Ejércitos Blancos"

Los “Ejércitos Blancos”, a pesar del acoso al que los someten los bolcheviques desde sus trenes artillados desde su mismo nacimiento –su fundador, el carismático general Kornílov, muere el 11 de abril de 1918 alcanzado por un disparo de la artillería roja– van creciendo poco a poco en número, y van reclutando a sus tropas sin hacer distinción de clase o de contexto político o social. Por lo tanto son ideológicamente heterogéneos, y eso les resta unidad interna. No se les debe confundir con los partidarios de la monarquía imperial, que son poquísimos numéricamente, ni con la aristocracia “y sus lacayos”, como hacen los bolcheviques. El general Anton Denikin, sucesor de Kornílov, era hijo de un campesino pobre que había hecho una brillante carrera en el ejército imperial ruso. El general Wrangel fue el único líder blanco de sangre aristocrática. Los mandos y oficiales blancos no fueron las nulidades que describió malévolamente la historiografía tradicional soviética y progresista, pero carecían de un programa político unificado de cara a la postguerra, que estaban convencidos de que sería victoriosa. Su programa era estrictamente militar: formar un ejército y derrotar a los rojos. El nacionalismo ruso de la cúpula blanca mantenía alejados a los nacionalistas de los pueblos no rusos; y su falta de un programa claro en lo relativo a la propiedad agraria y su posible reforma, les restó el apoyo de las incontables masas campesinas, tanto más cuanto que en los territorios dominados por las fuerzas blancas, a veces, se reconstituyeron latifundios y se devolvieron a sus antiguos propietarios, lo que en medio de la marea revolucionaria, no hizo sino generar descontento e indignación.

S. Petliura (m. 1926)

En Ucrania, tras la evacuación del país por los ocupantes alemanes en noviembre de 1918, los blancos no pudieron reclutar a nadie. Los ucranianos quedaron divididos entre los nacionalistas de Simon Petliura, los anarquistas de Néstor Makhno y los bolcheviques, por no hablar de las numerosas bandas locales que luchaban por su propia cuenta y a su aire. Sumando la intervención de Polonia, hubo cuatro beligerantes mayores en el escenario bélico ucraniano, y la guerra fue tan disputada, que la capital de Ucrania, Kiev, cambió de ocupantes dieciséis veces hasta el fin de la guerra.

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