Lenin y la intelectualidad de Rusia: “¿Su cerebro? ¡Qué va, su mierda!”


Músicos rusos exiliados en Noruega (1920)

En 1920, Lenin ordenó detener a todos los intelectuales y artistas que sus hombres pudieran encontrar, los embarcó en el “Prusia” y el ” Magyistrat Henngs” los expulsó de su nueva Rusia, al exilio forzado. Entre 1920 y 1925 Berlín fue la capital de la vida cultural rusa exiliada, animada por escritores y filósofos. La “Academia de Filosofía Religiosa” fue inaugurada en noviembre de 1922 en la capital alemana; Berdiáyev escribió y publicó el libro que fundó su fama en Alemania: “Una nueva Edad Media”. En el mismo espíritu, S. Frank dictó “El derrumbe de los ídolos”. Surgió el movimiento de los “Eurasiáticos” (Trubetskói, Vernadski), que presentaba a Rusia como el “Último Imperio de las Estepas”, después de los de los Escitas, Hunos (Hiong-Nu) y Mongoles. Antieuropeo y antioccidental, la corriente Eurasiática hace de Gengis Khan un símbolo, y de la ortodoxia greco-rusa, tanto como del paganismo, una gloria contra todas las abominaciones del “Latinismo”. La Historiografía Eurasiática se prestaba a una recuperación por parte de Moscú, que no tardó en infiltrar el movimiento. Después de 1925, la capital intelectual de la emigración rusa pasó a ser Praga, alrededor de su Universidad, la Biblioteca Slava y los Archivos Rusos, pero el centro vital del pensamiento y de las artes fue, entre 1924 y 1939, París, con periódicos de todas las familias políticas rusas emigradas, el Instituto de Teología fundado en 1925 —donde es profesor Sergéi Bulgákov—, la revista “Put” (“Vía”) y la editorial YMCA, destinada a tener un largo porvenir.

Esta actividad parisina prolongaba las libres búsquedas intelectuales y creativas anteriores a 1917 en Rusia. Berdiáyev, Fedotov, Mochulski y Vytcheslávtsev trataban con osadía temas clásicos, y abordaban también los nuevos, planteados por el clima de actualidad. Bulgákov publicó su tratado en tres volúmenes sobre Cristo: “El Cordero de Dios” (1933), “El Paráclito” (1936) y “La Novia del Cordero” (1945). Tanto Bulgákov como Berdiáyev, en la revista “Put”, reivindican una libertad absoluta de pensamiento en el seno de la Iglesia ortodoxa rusa —al menos en la del exilio—. Berdiáyev es el único pensador ruso aceptado en Occidente. En cierta manera se integró a las corrientes postrevolucionarias y postbélicas de la Gran Guerra, existencialistas, personalistas y progresistas, a las que fortaleció mucho. Quizá por ello mismo tuvo poco crédito entre los rusos, por lo menos hasta los años de 1980, cuando empezó a ser “redescubierto”. La literatura de la emigración rusa se prolongó no en el simbolismo ni en el modernismo, sino en el realismo de Bunin, Kuprin, Gorki, Zaitsev y Remizov. Los innovadores fueron Merezhkovski, Balmont, Hippius, Jodarovski y Zamiatin: los otros se encontraban en la URSS, enfrentándose a un destino trágico; y la joven Nina Berberova comenzaba a darse a conocer. La segunda guerra mundial acabó con la vida cultural de la emigración; provocó el nacimiento de nuevas corrientes; y desplazó a los intelectuales y artistas.

El “GULAG” fue creado en 1933

Los éxitos iniciales de los alemanes despertaron esperanzas antisoviéticas; pronto el patriotismo tuvo el efecto inverso y, alentado por Moscú, acercó a la URSS a los exiliados. El mismo Berdiáyev habló de una “nueva época”, la de la Rusia soviética, realizando por fin la eterna vocación nacional: la síntesis entre Oriente y Occidente. Entre 1940 y 1945, todos los intelectuales y artistas rusos que pudieron permitírselo, huyeron a los Estados Unidos, e hicieron de Nueva York su nueva capital. Mientras tanto, en la URSS, la situación casaba a la perfección con las preguntas que se hacía Freud en su “Malestar en la Cultura” de 1930: “Se entiende que la estructura de una nueva civilización como en Rusia encuentre su apoyo psicológico en la

persecución de los ricos, la burguesía. Pero uno no puede dejar de preguntarse qué harán los soviéticos cuando hayan terminado con el exterminio de “su” burguesía.” Las respuesta llegó bajo la forma de una larga, muy larga “Noche de los Cuchillos Largos”, es decir, la aplicación del terror no ya a los “enemigos de clase”, ya no a los enemigos políticos, sino a los propios hombres soviéticos.  Se conoce como “Noche de los Cuchillos Largos” la eliminación violenta del jefe nazi Ernst Röhm (1887-1934) y de sus partidarios y amigos por parte de Hitler y sus SS, entre el 30 de junio y el 3 de julio de 1934. Se dice que Stalin quedó “profundamente impresionado por la forma en que Hitler eliminó a la oposición interna en su partido y estudió hasta en los detalles más más insignificantes cada uno de los informes [inculpatorios] relacionados con los sucesos de aquella noche”.  Stalin no se equivocaba al decir que aquella “Noche” consolidó el régimen hitleriano y fortaleció al propio Hitler. Stalin contaba con los “Órganos” de Seguridad: La Cheká, fundada a finales de 1917, tenía ya 240.000 agentes y comisarios en 1922, cuando se le cambió el nombre: GPU (Administración Política del Estado) hasta 1924, y luego OGPU (Administración Política Unificada Panrusa del Estado), siglas que mantuvo hasta 1934.

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