Derrotados pero no vencidos: los rusos a finales de 1914


Los desafortunados dos primeros meses de la primera guerra mundial dejaron, en octubre de 1914, debilitado al ejército ruso, pero éste podía asumir muchas más pérdidas que su adversario alemán, dado su enorme tamaño. Los alemanes le habían infligido severas derrotas (Tannenberg y Lagos Masures), pero cuando llegó el invierno, los rusos habían conseguido recuperarse, expulsando a las tropas alemanas que habían cruzado la frontera (Batalla de Augustowo, octubre). Los franceses y los británicos consideraron necesario suministrar armamento, munición y asesoramiento militar a Rusia. A finales de 1914, Rusia no se había mostrado tan fuerte como parecía antes de la guerra, pero tampoco era tan débil como creían los alemanes y los aliados occidentales. Aunque había sufrido varios desastres en su frente noroccidental, tenía inmensas reservas de reclutas, duros y sacrificados, que podrían resistir aún muchas embestidas de los alemanes sin flaquear.

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