Primeros auxilios en una trinchera U.S.


Joseph Porta, soldado de primera, alto, delgado, y de una fealdad inverosímil, nunca tenía reparo en decir que era comunista. Una bandera roja sujeta en lo alto del campanario de la Sankt Michaeliskirche de Hamburgo había acabado por traerlo aquí. Era un berlinés de gran comicidad y una desvergüenza sin comparación posible. Hugo Stege era estudiante universitario y había sido detenido en el curso de una manifestación estudiantil: tres años de reclusión en los KZ de Oranienburg y Torgau, antes de caer en el pozo del 27º R. D. Möller, nuestro santo particular, no había querido renegar de su fe. Llevaba la cinta malva de los Biblistas, y eso le acarreó una condena de cuatro años en el KZ de Gross-Rosen, donde lo indultaron para que viniera a morir con nosotros.

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