Tanque A7V alemán


Paul, un fornido estibador de Hamburgo, había sido condenado por robar un camión de harina. Siempre lo negaba, es cierto, pero incluso nosotros, sus amigos, estábamos convencidos de que lo había hecho realmente. A Bauer le habían caído cinco años de trabajos forzados por vender huevos y carne de cerdo en el mercado negro. Eicken, nuestro jefe de pelotón, era el de más edad: casado, con dos hijas, de profesión carpintero, sus ideas políticas le habían conducido a un año y medio de reclusión en un KZ, desde el que, clasificado como “políticamente irrecuperable”, había ido a parar a nuestro regimiento disciplinario.

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