Tras el bombardeo


Muertos, sólo muertos. Padres, hijos, amigos, profesores, parientes, enamorados, enemigos… Una única y larga fila de ataúdes, llenos de cadáveres, a los que las llamas han convertido en minúsculas momias. Dia tras día se entierran los cuerpos. Es el trabajo de nuestro comando, el de los sepultureros. A la primera señal de alerta, todos dieron sus últimos pasosen dirección a los refugios. Acurrucados allí, muriéndose de miedo, hasta que el río infernal del fósforo líquido consumió por completo sus retorcidos cuerpos. Los que no saben lo que es llorar pueden venir a aprenderlo con nosotros, los hombres de la muerte, el comando de los blindados, junto a estas tumbas.

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