Granada de ida y vuelta


Se irguió y corrió hacia la granja, con la metralleta en ristre.

—¡Tenga cuidado! —gritó el legionario bajito—. ¡Eso es un avispero!

Algo zumbó en el aire: B. cogió el objeto al vuelo y lo tiró de vuelta al lugar de donde había venido volando. Una explosión: después, un flash horadando la oscuridad.

—Principiantes… —se choteó B.— no saben ni lanzar granadas…

—Uy, qué jaleo… —dijo en la oscuridad la voz de H.

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