Patrulla saliendo


El capitán B. y el teniente T. salieron de entre las sombras y nos dieron los últimos detalles:

—Con mucho cuidado: sin imprudencias y con el seguro echado, disparad sólo en caso extremo.

Metimos los puñalitos de trinchera dentro de nuestras botas; las granadas de mano, en los bolsillos; las metralletas, enganchadas al correaje, con trapos anudados en los puntos donde podían tintinear. B. atónito ante la chistera de P., exclamó:

—¿Piensa ir a ver a Iván con eso en la cabeza?

—Es que es mi mascota de la suerte, mi capitán —contestó P. con sonrisa de idiota. Se salió con la suya: arrastrándose, llegó donde estaba el legionario bajito, sin quitarse aquel maldito sombrero que se veía a un kilómetro de distancia. Yo creo que le dejaron hacer para que recibiera una buena lección, o simplemente reventara de una buena vez.

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