Un grito en la noche


Poco antes de alcanzar la granja, oímos un peculiar silbido de aviso. Nos escondimos sigilosamente tras unos arbustos.

—¿Qué cohones hacéis? —preguntó A.— ¿Dónde está H.?

—De caza, mi sargento —rió el legionario bajito—. Nuestros dos továrichi creen que nos la pueden dar, H. lo va a impedir.

De repente, un grito de mujer resonó en la oscuridad:

—¿De caza? —repitió A. secamente—. Si ese cabrón va a violar a una mujer, me lo cargaré.

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