SMS Königsberg


Sacó del macuto otra botella de vodka y le rompió el gollete. El alcohol nos animaba, y el ruido que armábamos debía oírse desde el bosque, donde sin lugar a dudas estaban los rusos. El teniente K. saltó a nuestro agujero, seguido del teniete H. K. se limpió y empezó a liar un cigarrillo de machorka con un pedazo de papel de periódico:

—¡Brrr… qué frío! Alargó el cigarrillo a P. y se dispuso a liar otro. P. se le rió en las narices:

—No quiero nada de un oficial, ni de nadie de los de su calaña. K. prosiguió su labor y dijo tranquilamente:

—Calla, mono pelirrojo.

—Tampoco hay educación —prosiguió P., despectivo—. Voy a devolver el uniforme y a marcharme a casa. Con esos arrastrasables ya no queda educación.

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