Historias paralelas


ALEMANIA y la AVIACIÓN MILITAR: La CAMPAÑA de NORUEGA (abril de 1940). Los desembarcos efectuados en los puertos noruegos el 9 de abril de 1940, coincidentes con la invasión de Dinamarca, fueron sincronizados con ataques aéreos a aeródromos que eran empleados por la fuerza aérea noruega, de reducidas dimensiones, que fue prácticamente aniquilada en tierra. A continuación las pistas de aterrizaje de Sola en Stavanger y Fornebu en Oslo fueron capturadas por paracaidistas alemanes y rápidamente transformadas en bases avanzadas para bombarderos en picado y cazas bimotores de largo alcance que empezaron inmediatamente las misiones programadas para apoyar a las tropas alemanas. Durante la invasión de Noruega los alemanes hicieron uso de su flota de aviones de transporte para el transporte de tropas y personal de tierra de la Luftwaffe. Se dispuso de unos 500 trimotores Junkers Ju 52 para la operación, un tercio de ellos procedentes del mando aéreo de transporte, y el resto, cedidos por las escuelas de vuelo de entrenamiento avanzado. La capacidad de transportar tropas rápidamente al escenario de los combates jugó un papel muy importante en el establecimiento de los alemanes en el sur de Noruega. Cuando las primeras tropas británicas y francesas desembarcaron en Noruega, el 15 de abril de 1940 en el puerto de Narvik, el 16 en el de Namsos, y el 17 en el de Andalsnes, los alemanes se habían asegurado firmemente en sus posiciones en el sur del país. Ahora la Luftwaffe se dedicó enérgicamente a actuar sobre los puntos de desembarco aliados y contra la navegación que traía refuerzos a las playas. Tanto los bombarderos en picado como los bombarderos de vuelo horizontal ejercieron una presión constante sobre las tropas en tierra y, faltando una auténtica oposición aérea, fue mucho el daño que causaron.

Mientras tanto continuaba el incremento de la fuerza aérea alemana desplazada a Noruega, y a principios de mayo de 1940 fue reorganizada como Fliegerkorps X (10º cuerpo aéreo), la unidad orgánica más grande comisionada fuera de Alemania, con 710 aparatos distribuidos entre 360 bombarderos de vuelo horizontal, 120 hidroaviones, 70 cazas bimotores, 60 aviones de reconocimiento y observación, 50 cazas monomotores y 50 bombarderos en picado. La RAF no podía intervenir de manera efectiva contra una oposición aérea tan fuerte. Cualquier intento de establecer bases de cazas en las islas próximas al litoral noruego era invariablemente observado por los aviones de reconocimiento alemanes, y los campos de aterrizaje y despegue provisionales eran inmediatamente bombardeados hasta quedar inutilizados. En tierra, los alemanes prosiguieron su avance a lo largo del territorio noruego en dirección norte, y a principios de mayo las tropas aliadas tuvieron que evacuar los puertos de Namsos y Andalsnes, en el sector central del país. Las tropas expedicionarias restantes, situadas en torno a Narvik, tuvieron que reembarcar también el 10 de junio de 1940. Toda Noruega quedó inmediatamente en manos alemanas.

El ASUNTO de la “LISTA de los CIENTO CUATRO”. En marzo de 1948 el Subsecretario de Economía Exterior y Comercio, Emilio de Navascués, presentó un informe confidencial al ministro de asuntos exteriores español titulado Expulsión de súbditos alemanes. Navascués fue un personaje clave en el contencioso de las listas de alemanes y en las negociaciones paralelas del Safehaven Project para la entrega a las fuerzas aliadas de los bienes de titularidad alemana en España después de 1945. En este informe se dividió a los 104 integrantes de la lista en tres grupos. El primero incluía a los “agentes profesionales de espionaje”, 26 en total; un segundo grupo contenía a los “elementos que podrían ser expulsados en caso necesario”, y que sumaban 37; y un tercer conjunto de “personas que por una u otra razón no parece aconsejable sean molestadas”, y que era el más numeroso, con 39 nombres. Según esta clasificación, se recomendaba la entrega de los citados en el primer grupo, y sólo en caso necesario recurrir a la detención y entrega de algún miembro del segundo; pero quedaba claro que los componentes del tercer apartado no debían ser puestos a disposición del C.C.A. en Alemania. En este grupo aparecen varios de los alemanes más señalados, tanto por ser motivo de repetidas reclamaciones, como por concitar los más firmes avales de las autoridades españolas en contra de su entrega. Entre los primeros nombres de la selecta lista de elegidos figuraba Johannes Bernhardt, junto a cuyo nombre aparecía la anotación “parece inútil explicar la personalidad de este señor; conviene hacer notar que los aliados han estado sistemáticamente en contacto con él, sirviéndose de su ayuda e incluso frecuentando su casa desde el fin de la guerra, y que ha sido incluido por primera vez en la lista de repatriación hace pocos meses”. Si bien la nueva lista fue aceptada por Madrid, por cuanto suponía una cesión parcial hacia sus demandas,  a la hora de la verdad el gobierno español volvió a mostrar su voluntad de proteger a “sus alemanes”. Los distintos ministros reiteraron sus apoyos, y poco a poco se fue reduciendo el número de alemanes que se aceptaba entregar, hasta presentar a los aliados una contrapropuesta que incluía a 59 de ellos, luego reducida a 50, preservando al resto de cualquier intento de expulsión legal de España. La indignación aliada topó con una situación que el C.A.R. sabía inamovible, y un panorama internacional que beneficiaba políticamente al régimen de Franco. Ninguno de los alemanes de la “Lista de los 104” fue finalmente entregado a las fuerzas aliadas. Con el paso del tiempo, las embajadas norteamericana y británica fueron asumiendo esta nueva realidad. En marzo de 1949 se certificó la inviabilidad de su programa de repatriación y se renunció a presentar más reclamaciones. Aun con el fracaso todavía presente, la D.G.S. elevó al ministerio de asuntos exteriores un escrito en abril de 1952, asegurando que “se ha llegado a conocer el paradero de algunos de los componentes de aquella relación”, sin que el ministerio considerase necesario añadir instrucciones en respuesta al mismo.

La AGENCIA de NOTICIAS “TRANSOCEAN”. Desde mayo de 1941, el director de la Agencia Transocean Hans Lazar escribió, casi siempre en solitario y en ocasiones con la ayuda de algún diplomático, un diario de la embajada alemana, donde realizó un pormenorizado relato de la actuación de la legación y sus relaciones con el gobierno español y los círculos del poder franquista. Este diario ocupó varios tomos y fue terminado de redactar después del final de la segunda guerra mundial. Lazar realizó esta labor con el consentimiento y autorización de los tres sucesivos embajadores para quienes trabajó, aunque el carácter secreto del escrito hacía necesario que muy pocas personas conocieran su existencia, y menos aún su contenido. El diario de la embajada o Tagebuchnotizen (apuntes de libro diario), fue entregado después de la guerra a confidentes de Lazar que lo mantuvieron oculto durante décadas. Únicamente años después de autorizó su publicación parcial. A pesar del caos que siguió a la rendición alemana en 1945, Lazar prestó un último servicio en su propio beneficio y en el de decenas de compatriotas que no deseaban ver el material de la embajada alemana en Madrid en manos aliadas. Deambuló por las dependencias oficiales hasta el momento en que éstas fueron entregadas a las autoridades angloamericanas el 5 de junio de 1945. Cuando los primeros funcionarios aliados entraron en ellas comprobaron que la sede diplomática presentaba un aspecto desolado. Las estancias estaban totalmente vacías, el inmueble había sido desposeído de todo cuanto pudiera representar algún valor, material o documental. Mobiliario, efectos de oficina, objetos de decoración, documentos, absolutamente todo había desaparecido. En la residencia del embajador, en el nº 3 de la Calle Hnos. Bécquer, ocurrió lo mismo, con el agravante de que también desaparecieron obras de arte que los aliados sospechaban que habían sido saqueadas en los países ocupados por el III Reich durante la guerra. En ambos casos todas las miradas se dirigieron hacia Lazar, quien no abandonó la sede diplomática hasta el 11 de junio, alegando que su domicilio particular estaba ubicado en la oficina de prensa de la embajada.

Según las notas de protesta remitidas al ministerio de asuntos exteriores español por las embajadas norteamericana y británica, el 8 de mayo de 1945 Hans Lazar mantuvo reuniones clandestinas en la residencia privada del embajador alemán en Madrid, y destruyó varios archivos privados de éste y de la embajada. Poco después se halló una ingente cantidad de documentos procedentes de la oficina de prensa de la embajada alemana en los almacenes de la empresa “Bakumar”, dirigida por Richard Clauss, cónsul de Alemania en Cádiz y agente del Abwehr. Lazar continuó viviendo en Madrid, en una lujosa residencia en la urbanización de El Viso, pero posteriormente cambió de paradero, lo que fue celosamente silenciado por un grupo de españoles de cierta influencia que lo ocultaron y protegieron. Aun así, es posible reconstruir sus pasos durante los años de la postguerra mundial. En octubre de 1945 entregó al ministerio de asuntos exteriores español una declaración de sus bienes, que quedaron inmediatamente embargados conforme a la legislación vigente. Tras confirmar su inclusión en las dos listas de alemanes reclamados por el C.C.A., considerado un fugitivo de Prioridad 1,  el gobierno autorizó su extradición, y se hicieron los preparativos para trasladarlo a la Alemania occidental ocupada en un avión que partía de Madrid el 7 de febrero de 1946. Sin embargo, el vuelo tuvo que salir sin él; un día antes, Lazar fue operado de urgencia de apendicitis en la Clínica Rúber de Madrid. Los aliados comprobaron que la operación había tenido lugar efectivamente, aunque expresaron serias dudas sobre las causas de la dolencia: “Aunque su condición es ahora grave, las circunstancias invitan a sospechar por qué tuvo que ser operado precisamente el día antes de su partida.” Casi por las mismas fechas, Lazar envió una carta personal al ministro Martín Artajo manifestándole su “impresión profundamente amarga y dolorosa” al saber que las autoridades españolas habían ordenado su detención, pese a haber apoyado “en muchas ocasiones, de modo muy efectivo, a los intereses de España”. Quizá a consecuencia de esta carta el ministerio de exteriores envió el 5 de mayo de 1946 un telegrama a la D.G.S. ordenando que se liberase a Lazar y se le mantuviera en estado de libertad vigilada atenuada hasta nueva orden.

Lo cierto es que los problemas de salud de Lazar se prolongaron durante varios meses, provocando en él un evidente deterioro físico. El fornido Lazar que pesaba 85 kg en los meses anteriores, adelgazó hasta quedarse en 48 kg, había perdido todo el pelo de la cabeza, y su imagen era sólo un pálido reflejo de la elegante figura de otros tiempos. En pocos casos como el suyo, el abrupto final que representó para muchos alemanes el final de la segunda guerra mundial estuvo tan asociado a un declive físico tan acentuado. Para completar este símbolo de la debacle, su mujer contrajo la tuberculosis por aquellas mismas fechas. A finales de septiembre de 1946 se dispuso el traslado de Hans Lazar a la Alemania occidental ocupada por ferrocarril, en un tren en el que iban a viajar un grupo de alemanes reclamados por el C.C.A. Pero de nuevo su grave estado de salud impidió su salida de España. En esta ocasión dos médicos de las fuerzas aliadas visitaron a Lazar, ingresado en una clínica de reposo, y certificaron la imposibilidad de que emprendiera viaje a Alemania por el momento. Puesto que Lazar era el austríaco de Madrid en cuya repatriación tenían más interés las autoridades angloamericanas, éstas no renunciaron a trasladarlo a su zona de ocupación en Alemania en cuanto estuviera recuperado. Los despachos entre la embajada británica en España y el Foreign Office en Londres demuestran que incluso se pensó en traer un avión militar británico medicalizado para realizar el traslado. Finalmente se optó por solicitar del gobierno español su internamiento en el Hospital Anglo-Americano de Madrid. España aceptó aparentemente esta propuesta, pero cuando llegó el día en que Lazar debía ser confinado en el centro médico militar aliado, éste desapareció misteriosamente. Hoy se sabe que el antiguo agregado de prensa fue ayudado en su evasión por un grupo de cómplices españoles que lo ocultaron y mantuvieron con vida durante meses. La prueba más evidente es una carta anónima remitida al ministerio de asuntos exteriores en diciembre de 1947 por uno de los encubridores de Lazar, en la que reiteraba al gobierno en un tono desesperado la necesidad de no entregar al prófugo a las autoridades angloamericanas. Respecto a su estado de salud, afirmaba que seguía atendido en el “aislamiento absoluto y en franca consolidación”. Es posible que el escondite del enfermo durante esos meses fuera el convento de Santa María de Veruela en Zaragoza, donde es posible que viviera recluido durante más de dos años, sometido a una cura de desintoxicación a la morfina y hubiera terminado de redactar el diario reservado de la embajada alemana en Madrid.

Lo cierto es que Lazar continuó eludiendo los intentos aliados de enviarlo a la Alemania occidental ocupada, y en 1949 podía considerarse a salvo de cualquier riesgo. Atendiendo a su nacionalidad austríaca en esa fecha se levantó el embargo sobre sus bienes y, en consecuencia, recuperó su patrimonio personal, valorado en unos 20 millones de pesetas de la época, una auténtica fortuna en aquellos años. A principios de 1950 su expediente fue sobreseído y el hábil periodista volvió a afrontar el futuro sin necesidad de tener que ocultarse de los investigadores angloamericanos. En 1951 murió su mujer, y él emigró a Sudamérica, donde contrajo matrimonio con una hija del último embajador alemán en Argentina antes del fin de la segunda guerra mundial. Poco después regresó a España como corresponsal de la revista germano-argentina Furche. En diversas ocasiones reapareció el apellido de Lazar en la prensa en lengua alemana, firmando artículos que ensalzaban a Franco y mantenían el tono de cruzada anticomunista al que nunca renunció, pero ya carecía de la resonancia con que sus palabras habían sido acogidas en el pasado. El 8 de mayo de 1961 un decrépito Hans Lazar, víctima de sus enfermedades y de los efectos de su involuntaria adicción a la morfina decidió poner fin a su vida de un modo tan extraño como el que había vivido. Compró un billete de tren en el expreso Viena-Ankara, el famoso Orient Express. Durante el trayecto se suicidó ingiriendo veneno. No se descubrió su cadáver hasta que el convoy llegó a Turquía, el mismo país que le había visto nacer 66 años atrás. Él y su mujer fueron enterrados en el cementerio madrileño de La Almudena. Pocos periodistas como Hans Lazar han tenido tanto poder y han llevado un tren de vida tan fantástico. Todos los periodistas que antes y después de su muerte escribieron sobre él lo hicieron movidos por una evidente envidia, y es que a todos ellos les hubiera gustado ser un Hans Lazar.

La INFILTRACIÓN ANGLOAMERICANA en el HOLDING HISPANOALEMÁN “SOFINDUS”. Cuando el C.A.R.-España solicitó la entrega de Johannes Bernhardt para su extradición a la Alemania occidental ocupada, no era la primera vez que el empresario alemán acudía a Franco, ni que éste le dispensara un trato de especial favor. Pese a que en las notas oficiales redactadas en 1947 al ser reclamado Bernhardt se aseguraba que era la primera vez que su nombre figuraba en una lista de alemanes a expulsar de España del C.A.R., los aliados ya habían exigido su salida de España en 1944. En agosto de aquel año, el general Franco Salgado-Araujo escribió al entonces ministro de asuntos exteriores Jose Félix de Lequerica: “Acude a S. E. el súbdito alemán Johannes Bernhardt por haber tenido noticia de que los angloamericanos solicitan su expulsión de España, como agente alemán peligroso. S. E. me encarga le prevenga, pues este Sr. Bernhardt es persona estimadísima por los grandes servicios prestados a España y al Movimiento en nuestra cruzada, y agente comercial importantísimo en nuestras compras en Alemania. Es deseo de S. E. que esté usted prevenido, para que no pueda haber equivocación, y pudiera pasar desapercibida la personalidad del mencionado Sr. Bernhardt.” Lequerica envió el 26 de septiembre siguiente una rápida respuesta al secretario de Franco: “Me complazco en manifestarle que, aunque el súbdito alemán Johannes Bernhardt, cuya personalidad es bien conocida en este M.A.E., figure en la relación de agentes alemanes cuya expulsión interesa la embajada inglesa, el hecho de tratarse de persona tan relevante de la colonia alemana ha sido totalmente tenido en cuenta, no habiendo de momento motivo alguno de preocupación en cuanto a su situación.” Pese a que el industrial tenía garantizada una estancia en España a salvo de detenciones por las fuerzas de ocupación aliadas en Alemania, en 1951 emigró a la Argentina haciendo uso de su pasaporte español. Cinco años antes había enviado a Buenos Aires a su mujer, de doble origen alemán y argentino, Alice Wiedernbrück. Ambos residieron en la finca “La Elena”, en el municipio argentino de Tandil; en 1976 Bernhardt regresó a Alemania. Aunque las gestiones personales de Franco fueron de poca entidad, su intervención personal no se limitó a los casos de Johannes Bernhardt y Erich Kühlenthal; también se interesó por otros tres alemanes: Joachim Canaris, Adolf Langenheim y Albert Henning.

ALEMANIA y la AVIACIÓN MILITAR: La INVASIÓN de los PAISES BAJOS y BÉLGICA (mayo de 1940). La ofensiva alemana comenzó a primeras horas de la mañana del 10 de mayo de 1940, con los proyectados bombardeos sobre los aeródromos aliados en el norte de Francia, y los neutrales de los Países Bajos y Bélgica. Como resultado de ellos las fuerzas aéreas holandesa y belga fueron puestas fuera de combate, mientras que la británica y la francesa con base en el norte de Francia quedaron seriamente diezmadas: de esta forma, los alemanes gozaron de plena superioridad aérea desde los mismos comienzos de la batalla. Mientras tanto, los transportes de tropas y planeadores habían depositado su carga en tierra al amparo de la oscuridad y habían tenido lugar una serie de feroces combates a pequeña escala al luchar los paracaidistas alemanes por la conservación de sus posiciones-objetivo hasta que llegaran los carros de combate a relevarlos. Los tres aeródromos principales de La Haya fueron capturados en rápida sucesión, junto con el Puente de Moerdijk en Rotterdam. La operación montada para la captura del Fuerte Eben Emaël tuvo un éxito total.

La fuerza asaltante de 85 paracaidistas, transportados en 11 planeadores, había salido de su base antes del alba. Dos de los planeadores se soltaron de sus aviones de remolque a mitad de camino, pero, ignorante de ello, el resto de la fuerza de asalto siguió su camino hasta aterrizar dentro del complejo fortificado belga. Explotando al máximo el elemento sorpresa, los alemanes se dispersaron inmediatamente para entrar en acción. Armados con cargas de demolición especialmente preparadas, los atacantes emprendieron la tarea de destruir las bien defendidas torres de artillería del fuerte. Donde éstas resultaban de difícil acceso, eran suficientes unas cargas de un kilo de explosivo para inutilizarlas. Atrapada en su mayor parte bajo tierra, la guarnición belga del fuerte, compuesta por 750 hombres, poco pudo hacer para impedir el trabajo de destrucción que tenía lugar en la superficie. Por si esto fuera poco, llegaron fuerzas de infantería alemana en ayuda de los paracaidistas y los sorprendidos defensores no tuvieron otra opción que rendirse al poco tiempo. Las pérdidas alemanas ascendieron a 6 muertos y 15 heridos, mientras que los belgas, diez veces superiores en número a los atacantes, sufrieron 23 muertos y 59 heridos. Nada puede resultar más gráfico en cuanto al valor del elemento sorpresa como arma de guerra.

Eliminados de su camino los obstáculos más importantes, las fuerzas acorazadas alemanas profundizaron a gran velocidad en el interior de los Países Bajos y Bélgica. En el cielo, los aviones de la Luftwaffe hacían pleno uso de su indiscutible supremacía para asegurarse de que no se daba tregua ni respiro a los defensores. El 15 de mayo de 1940, después de un gran ataque aéreo a la ciudad de Rotterdam, en el que murieron 900 personas y gran parte del centro histórico de la ciudad fue pasto de las llamas, el gobierno holandés se rindió. En aquel momento, también los belgas estaban pasando por graves dificultades, pero ya el centro de gravedad de la batalla se había trasladado al sur, pues los alemanes habían dado comienzo a su ofensiva contra Francia.

La GUERRA CIVIL y la PENETRACIÓN FINANCIERA ALEMANA en la ECONOMÍA ESPAÑOLA. …Después de un azaroso viaje y de una cadena de entrevistas previas, Hitler recibió a Bernhardt y a Arranz el 25 de julio de 1936 en su “Wahnfried-Villa”, residencia que había sido de la familia del compositor Richard Wagner, en Bayreuth. Al poco tomó la decisión de apoyar la intentona golpista y enviar, como primera ayuda de emergencia, varios aviones con los que permitir al ejército de Marruecos burlar el bloqueo naval frentista y enviar sus tropas a la Península, en lo que constituiría el primer puente aéreo militar de la Historia, al menos según algunos autores. El éxito de la misión de Bernhardt abrió al oscuro empresario un nuevo horizonte, en el que se intuían la gratitud de Franco y el éxito profesional. Ambas previsiones se cumplieron, hasta convertir a Bernhardt en el alemán más influyente de España, y posiblemente también el más rico. La deuda personal contraída por Franco le evitó ser entregado y juzgado en Alemania años después. El primer paso para la forja de su imperio económico fue la constitución de dos empresas destinadas a canalizar el intercambio comercial entre Alemania y España, aunque la auténtica finalidad consistía en camuflar las exportaciones de armamento alemán a Franco, de tal suerte que aparecieran como compras de una firma privada y no como adquisiciones oficiales a Alemania. Con este objetivo, el 31 de julio de 1936 se fundó ante el consulado español en Tetuán la empresa Hispano-Marroquí de Transportes, conocida como “Hisma”, en la que figuraban como socios Johannes Bernhardt y Fernando de Carranza, un antiguo capitán de navío de la armada española afincado en Tetuán. El secretismo con el que se creó la Hisma fue tal, que se tomó la precaución de datar el inicio de sus actividades con anterioridad al 1 de abril de 1936, de modo que no se pudiera vincular la creación de la empresa con el auténtico fin para el que había sido constituida.

Mientras tanto, en Alemania se creó una empresa paralela domiciliada en Berlín llamada “Rowak” (Rohstoff- und Waren- Einkaufsgesellschaft/Kompensation) para cubrir las exportaciones de material militar. A partir de ese accidentado nacimiento, la Hisma acaparó el creciente intercambio comercial entre Alemania y España hasta casi monopolizar dicho comercio, gracias a la generosidad de las autoridades militares y a la connivencia de las civiles en Berlín. En 1938 la Hisma se transformó en el consorcio “Sofindus Holding” (Sociedad Financiera Industrial) del que Johannes Bernhardt figuraba como director y propietario mayoritario, con el 60% del capital social total. Sofindus mantuvo una línea ascendente hasta convertirse en uno de los grupos industriales más importantes del país, al tiempo que Alemania se consolidaba como primer socio comercial de España. Berlín recibía de España materiales básicos para su industria militar, como wolframio, hierro, fluoritas, mercurio, plomo, lanas y cuero. El crecimiento de Sofindus llegó a ser molesto para el propio gobierno español, el cual asistía pasivamente a la explotación por parte del holding de algunos sectores estratégicos como la minería en régimen de  cuasi monopolio. Las empresas que constituían Sofindus estaban divididas en tres grupos: agropecuario (Cía. Gral de Lanas, Sdad. Exportadora de Pieles, Cía. Productos Resinosos, Corchos de Andalucía, Scholtz Hnos., y Agrosa); transportes y servicios (Ttes. Marion y Novasa); y minería (Minerales de España, Montañasa, Aralarsa, Montañas del Sur, Montes de Galicia, Santa Tecla, Sierra de Gredos, Cía. Minera Mauritana, Minas de Irún y Lesaca, Nertóbriga y Sdad. A. de Estudios y Fomento Minero). Según un informe aliado del 29 de agosto de 1945, el capital social de Sofindus era de 124 millones de pesetas de la época, y el grupo controlaba 25 minas en curso de explotación, de las cuales cuatro realizaban extracciones en ese momento.

ESPAÑA y los EVADIDOS de la JUSTICIA ALIADA a partir de 1945. De los 255 alemanes reclamados por la justicia aliada en España, considerados como personas de Prioridad 1 o Prioridad 2, cuyos nombres fueron entregados en sendas listas del CAR a las autoridades españolas, el gobierno descartó la entrega de 80. Los motivos eran comunes: los servicios prestados a España y su contribucióna la victoria en la guerra civil. Así quedó reflejado en una nota personal y reservada dirigida al ministro de gobernación (interior) Blas Pérez González del 22 de marzo de 1946:

“Sometidas las dos listas de referencia al examen de todos los compañeros de gobierno, se han tachado de la misma a unos 80 aproximadamente, teniendo en cuenta para ello, bien sea los relevantes servicios que nos habían prestado, bien su larga residencia nuestro país, bien otras circunstancias que los hacían acreedores de nuestra protección.”

En función de los avales que le iban llegando, el ministerio de asuntos exteriores empezó a llevar sus propias listas de refugiados alemanes, donde a los originales procedentes de la embajada norteamericana o británica era añadido, a la derecha de cada nombre, los avales presentados en su favor y la persona de la que procedían. Esas anotaciones se convirtieron, pese a su apretada redacción, en uno de los testimonios más precisos del interés de los dirigentes españoles por proteger y acaparar a los refugiados alemanes. Algunos ejemplos:

Karl Soenke Albrecht: [representante de la firma AEG en España; presidente de la Cámara de Comercio Alemana en Madrid; domiciliado en el nº 83 de la Calle Bravo Murillo; los informes aliados lo describen como “un agente alemán, ardiente nazi y amigo personal de Hitler”] “Es uno de los cuatro alemanes de las Listas de Prioridad 1 y 2, por quien el Ministerio de Industria y Comercio tiene el máximo interés. Enviaron ficha en tal sentido por medio de escrito del Sr. Ministro de 17-I-46. Posteriormente, el 7 de febrero pasado, por carta del Subsecretario Sr. Merello, vuelven a insistir en que no se le expulse, en atención a los magníficos servicios prestados.”

Joachim Canaris: [sobrino del almirante Wilhelm Canaris, quien fuera entre 1935 y 1944 el máximo responsable del servicio de inteligencia militar alemán o Abwehr, activo resistente antinazi y asesor voluntario de Franco, en combinación clandestina con el embajador británico Sir Samuel Hoare, ambos contrarios a la entrada de España en la segunda guerra mundial; Joachim C. había actuado en España en las filas de la organización de su tío, a las órdenes del subordinado de éste Wilhelm Leissner; permanecía confinado en Caldes de Malavella desde el 12 de junio de 1945] “Además de otras varias personas, se han interesado por él el General Vigón, el Sr. Ministro de Marina, el Sr. Subsecretario de la Presidencia, el Sr. Subsecretario de la Marina Mercante, y el General Franco-Salgado.

[Ec]K[h]art Vorkauf: “Estaba detenido para salir y se interesó por él, con mucho empeño, el Sr. Obispo de Tuy, por lo que se suspendió su salida.”

Richard Classen: “Detenido ya para salir, se interesó por él el Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz, por lo que se suspendió su salida y se le autorizó a regresar a aquella capital.”

Uno de los primeros altos cargos españoles en acudir en auxilio de varios alemanes fugitivos fue el entonces subsecretario de la presidencia del gobierno, Luis Carrero, quien en su condición de oficial de la armada mostró un especial interés en evitar la expulsión de España del antiguo agregado naval de la embajada alemana en Madrid, Kurt Meyer Döhner, y de dos de sus ayudantes, Alfred Menzell Schuldt y Hans Lorek Heinrich. El 19 de diciembre de 1945, pocos días después de la entrega de las dos primeras listas de prioridad 1 y 2, Carrero remitió al ministro de exteriores Martín Artajo un oficio en el que señalaba que “es nuestro más elemental deber defender a todo trance” a las tres personas citadas. Sobre Meyer Döhner, Carrero destacaba en su oficio que “vino a España al empezar el movimiento nacional; nos ayudó con todo entusiasmo; tiene la Cruz de Guerra como combatiente en España, donde ha tenido tres hijos, uno de los cuales nació un 18 de julio, y le puso el nombre de Francisco en honor del Caudillo”. En parecidos términos se expresaba sobre Alfred Menzell: “durante nuestra guerra nos ayudó, y al estallar la mundial fue movilizado, como teniente de navío o capitán de corbeta, y fue nombrado adjunto del agregado naval” de la embajada. Sobre el ingeniero naval Hans Lorek entraba en apreciaciones más personales: “es un bendito, técnico cien por cien, incapaz de matar una mosca, y se ha portado siempre con nosotros del modo más excelente”. Días más tarde fue el ministro de marina, Francisco Regalado, el que se dirigió a Martín Artajo notificándole su máxima preocupación por estos tres funcionarios alemanes: “cuyos nombres coloco por orden de mayor a menor interés en que no les suceda nada desagradable, puesto que los dos primeros estaban en España durante nuestra cruzada. Creo mi deber el defender al máximo a estas personas, por lo que le ruego que no tome ninguna determinación hasta ser sometido el caso al consejo de ministros”. El 27 de abril de 1946 Carrero apeló de nuevo a razones ya no políticas, sino humanitarias, para frenar la entrega de sus protegidos, al asegurar que “es un dolor entregar a estas gentes que tanto nos sirvieron, para que vayan a lo mejor a parar a un campo de concentración soviético.”

Los INICIOS de la HISTORIA de la GUERRA ELECTRÓNICA: El BOMBARDEO de COVENTRY y los RADIOGUÍAS X-Gerät e Y-Gerät (noviembre de 1940). Como resultado del ataque aéreo radioguiado por sistemas “X-Gerät” sobre la ciudad inglesa de Coventry, gran parte del centro de la ciudad quedó reducido a cenizas; 21 plantas industriales de valor estratégico —12 de ellas relacionadas con la producción aeronáutica— fueron seriamente dañadas. Murieron 550 civiles y más 800 resultaron heridos. Fue una demostración de lo que la Luftwaffe era capaz de hacer cuando sus sistemas emisión de haces de ondas para localización de objetivos funcionaban sin interferencias emitidas por los británicos. Pero ya estaban los servicios de inteligencia británicos tras las huellas del “X-Gerät”, y comenzaron a desarrollar un equipo adecuado para interferir sus haces de ondas. Cuando los alemanes trataron de repetir un ataque como el de Coventry, esta vez sobre la ciudad de Birmingham el 19 de noviembre de 1940, la RAF estaba preparada. El Kampfgruppe 100 tuvo serias dificultades para localizar la ciudad de noche, y terminó por iniciar algunos incendios pequeños y diseminados en la campiña situada al sur de su emplazamiento. Cuando llegó la fuerza principal de bombarderos, ésta deambuló sin rumbo fijo alrededor de esos incendios durante algún tiempo, antes de lanzar sus bombas sobre una extensa zona. El ataque fue como lo fuera uno de las mismas características efectuado sobre el mismo objetivo la noche siguiente: un fracaso total. Durante los meses que siguieron, el Kampfgruppe 100 dirigió muchos ataques, pero a consecuencia de la cada vez más intensa barrera de interferencias electrónicas desarrolladas por la RAF, el éxito obtenido sobre Coventry jamás volvió a repetirse. Hacia finales de 1940, los alemanes introdujeron un nuevo dispositivo que permitiera a los aviones señaleros a alcanzar su objetivo por medio de radiolocalización: el “Y-Gerät”. Pero una vez más, los británicos encontraron el modo de interferirlo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s